
"Aquí y allá, en los árboles, todavía hay hojas. Y quedo a menudo, pensativo ante ellas. Contemplo una hoja y pongo en ella mi esperanza. Cuando el viento juega con ella, tiemblo con todo mi ser: Y si cae... toda mi esperanza cae con ella"
Para poder interrogar al destino hace falta una pregunta alternativa, (me quiere/ no me quiere), un objeto suceptible de una variación simple (Caerá / No caerá) y una fuerza exterior (divinidad, azar, viento) que marque uno de los polos de la variación.
Planteo siempre la misma pregunta: ¿seré amada?, y esta pregunta es alternativa: todo o nada; no concibo que las cosas maduren; que sean sustraidas a la oportunidad del deseo. No soy dialéctica. La dialectica diría: La hoja no caerá, y después cae; pero entretanto, habrás cambiado, y no te plantearás la pregunta.
(De todo consejero, sea cual fuere, espero que me diga: "La persona que usted ama la ama, y se lo va a decir esta noche")
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